En una flor de plata
2026

Hay objetos que no solo guardan la memoria, la desplazan.

Como una superficie plateada que no fija la imagen sino que la mantiene en tránsito, aparecen y desaparecen en el tiempo, suspendidos entre lo que fue y lo que aún no termina de ser. Dentro de En una flor de plata, la obra de Pablo Sandoval habita ese umbral donde la materia deja de afirmarse como presencia para convertirse en eco, en reflejo, en una forma de pensamiento que nunca se clausura.

La muestra reúne un conjunto de piezas donde el objeto no se presenta como entidad estable, sino como un territorio en desplazamiento continuo. Desde lo doméstico hasta lo museístico, de lo útil a lo simbólico, de lo material a lo representado, cada elemento atraviesa un proceso de transformación que desactiva su función original para abrirse a nuevas lecturas. En ese tránsito, la memoria no aparece como archivo fijo, sino como una construcción mutable, dependiente de la mirada, siempre en proceso de reformulación. Los objetos heredados —dedales, moldes, fragmentos— actúan como núcleos de sentido donde lo personal y lo colectivo se entrelazan, no para conservar un pasado cerrado, sino para activarlo desde el presente.

Este desplazamiento se hace visible en la conversión del objeto funcional en objeto de contemplación. Aquello que pertenecía al ámbito cotidiano es sustraído de su uso para ingresar en la esfera de la colección, del archivo, del museo. En ese gesto (silencioso, casi ritual) el objeto deja de servir para comenzar a significar. Se protege, se ordena, se exhibe. Pero no permanece intacto: se transforma. El valor no reside en su origen, sino en el modo en que es reconfigurado y puesto en relación con otros.

El hogar aparece como el primer lugar donde este proceso se origina. Es allí donde los objetos adquieren su primera carga simbólica, donde lo íntimo se convierte en lenguaje antes de expandirse hacia estructuras mayores. La memoria materna, los moldes, los suelos, los elementos cotidianos, funcionan como cimientos de una lógica que se desplaza hacia el espacio expositivo. De lo cercano a lo histórico, de lo doméstico a lo institucional, se dibuja un recorrido no lineal, sino tejido a partir de vínculos, resonancias y correspondencias.

Las obras se articulan como una red en la que cada pieza activa a la siguiente. Ninguna existe de forma aislada: dibujos que contienen objetos, objetos que reaparecen en imágenes, imágenes que remiten a otras imágenes. La obra se pliega sobre sí misma, se cita, se prolonga. En este juego de ecos, la representación deja de ser un mero registro para convertirse en una herramienta de construcción: los dibujos, con su cualidad de estampa antigua, evocan grabados, bestiarios y cartografías donde lo real y lo imaginado conviven. Como en aquellas primeras tentativas de comprender el mundo, donde cada imagen era a la vez certeza y conjetura, lo visible no se limitaa mostrarse, sino que se abre como una hipótesis.

Pensar la plata aquí es pensar una presencia que no se impone, sino que atraviesa. No se presenta como materia, sino como una condición latente, discreta y elegante que recorre las obras como un hilo sutil de brillo (el grafito de los dibujos como hebra de plata, el plateado de las cerámicas como su eco). Es reflejo y ausencia, protección y vulnerabilidad, tránsito entre estados. En su cualidad ambigua, mantiene el sentido en suspensión, como si cada forma estuviera siempre a punto de disolverse en otra.

Desde esta perspectiva, el conjunto se presenta como un bodegón barroco expandido: flores, ajuares, tapices, resonancias de mapas renacentistas, restos, objetos encontrados y heredados que no se disponen para ser fijados, sino para desplegarse en el tiempo. No hay aquí una naturaleza muerta, sino una naturaleza en continuo tránsito, donde cada elemento conserva la huella de lo que ha sido y la posibilidad de lo que aún puede devenir.

En Una Flor De Plata se ofrece así como una escena detenida pero viva: una coreografía de formas que se sostienen unas a otras, como si la sala se convirtiera en un tableau vivant de obras que respira bajo una luz lunar, claroscura y plateada. Un espacio donde todo parece quieto y, sin embargo, nada permanece igual. Como en un reflejo, cada forma devuelve otra, cada imagen se desplaza, cada presencia se transforma.

Texto: Teresa Arroyo de la Cruz

Mapas estelares III, grafito sobre papel intervenido, 105 x 132 cm, 2025

Mapas estelares I y II, grafito sobre papel intervenido, 79 x 107 cm, 2025

Memoria Inerte VI, cerámica esmaltada y madera, 60 x 36 x 32, 2025
Memoria Inerte VII, cerámica esmaltada y madera, 70 x 36 x 36, 2025
Memoria Inerte V, cerámica esmaltada y madera, 75 x 29 x 28, 2025

Objetos en tránsito, cerámica esmaltada y madera, 160 x 200 x 200 cm, 2023

Fotografías: Fernanda del Barrio

* Catálogo fisico disponible bajo demanda